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Un pensamiento

Hoy no sé si va en línea con lo que he puesto hasta ahora, pero es que me lo pedía la necesidad.

Hablamos de lo que son las primeras veces para uno que lo vive en grupo, que lo vive en el local de ensayo, o en el chat hablando con los que serán sus compañeros de batalla, pero no hemos reparado en qué pasa con ese componente cuando está solo en su trabajo; un trabajo donde no puede contarle a nadie lo que está ensayando aunque quiera.

Desde esa soledad no apática, se enfrenta el componente a todas las dudas de los ensayos, y personales, que van surgiendo.

Sales ese primer día del ensayo y te vas conduciendo a tu casa pensando en el pasodoble que han presentado, en intentar recordarlo lo máximo posible, tararear una parte, para que cuando llegues a tu casa, siga presente.

Estás en casa con el móvil esperando que se cuelgue ese audio real para empezar a asimilarlo. El audio que te obliga a llevar auriculares a partir de ahora ya que se empieza a convertir en algo habitual, verte metido como un loco, en tu mundo nuevo, asimilando, escuchando, viendo cada giro de la música y la voz para poder acercarte a él.

Y eso es sólo tras el primer ensayo, pero con el tipo más de lo mismo. Te lo presentan, lo ves, lo asimilas y a buscar material para confeccionarlo o desarrollarlo. Somos unos cuantos que nos unimos sin presupuesto, hay que reducir el gasto como ya recordáis, lo que hace que cada componente tenga que buscar parte del tipo y entre todos montar ese sueño de unos locos que idearon un disfraz fácil, sin florituras ni demasiadas complicaciones. Tampoco es que nos guste mucho esos tipos pero es evidente que nos llama la atención, como a todos.

Cuánta razón tenía la nueva comparsa cuando dijo aquello de que “los comparsistas van arreglados en vez de disfrazados”.

Ese escaparate queda muy bien hacia afuera, pero cuando hay un sustento económico para un repertorio nefasto, se nota y en demasía. No queremos ser así, no queremos llevar un tipo puntero sin letras que lo defiendan, lo describan y lo desgranen. No queremos un tipo que diga más en 10 segundos que todo lo cantado en media hora. Buscamos que sea una clara idea de lo que representamos, pero como complemento de letras con sentido, de músicas que lo definan y de una representación que sugiera lo que somos.

 Queremos llevar un tipo en sí y no un disfraz despampanante. Es absurdo negar, que nos gustaría poder hacer los tipos punteros, pero siempre como parte de lo dicho, no como única baza del grupo.

Deseamos primero un repertorio digno para nosotros y para el que lo escuche,  y ese no vale dinero alguno ni hay sastre que lo venda. De esto se adolece en Cádiz al igual que de los gritos y el postureo, no siendo exclusivo de la comparsa aunque es su máximo exponente.

Nosotros iremos disfrazados…, o lo intentaremos.

Volviendo al tema principal y esos sentimientos en soledad… Sólo es el comienzo, con una sola letra, la del pasodoble de medida. Luego llegan nuevos, también el cuplé…, más tarde la presentación…, y por último, el popurrí.

Todo es nuevo, todo es difícil pero todo es una amalgama de sentimientos que aunque haya momentos negativos, porque siempre los hay, no son más que una estela casi invisible de lo que son los positivos, los que nos llevamos cuando el repertorio está siendo defendido en la calle.

Aquellos que recordamos cuando miramos en el armario y vemos el tipo de ese año.  Si esto nos pasa con dos tipos, contando el presente, cuesta imaginar qué es lo que hay tras 25 años de carnaval, 25 años de primeros repertorios, compañeros que van y vienen, risas por doquier, desencuentros, pero, sobre todo, 25 años de tu vida. También tuvo mucha razón cuando “La chirigota del Love” dijo aquello otro de “yo no guardo disfraces, yo guardo una vida entera”.

 Aunque discrepo en la frase en sí (no se guarda la vida, se vive), más quisiéramos los que empezamos a vivir este mundo del verdadero carnaval, que un día tenga que decir que guardo una vida en disfraces. Por ahora no guardo una vida pero sí empiezo a construir esta parte; aquella que va ligada a la pagana idea de que la risa alimenta el alma, despierta al ser y hace consciente a las personas, ya sea con batea, gomina, la guasa por repertorio, un par de claves o un cartelón con imágenes.

El carnaval es medicina para el que lo escucha o lo ve (sea desde cerca o desde lejos), curación para el que bebe un poco de su esencia, pero para todos es un estilo de vida o la vida en sí.

En definitiva el carnaval es carnaval y el que no entienda eso:

– lo siento pisha, así es el carnaval de Cai, y si no te gusta, eso es lo que hay. Clan, clan.

El componente

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2 comments

  1. El carnaval es un estilo de vida. Y a veces haces las cosas que te pide el corazón. Sin pedirle opinión antes a la cabeza.

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